El viaje de vuelta desde el horror de la guerrilla

Los combatientes de las FARC desmovilizados con ayuda del Gobierno colombiano relatan las penalidades de la vida en el interior de la lucha armada

via Noticias sobre Latinoamérica http://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/29/actualidad/1385755639_952191.html

Anuncios

Las canas revolucionan la economía española

“La demografía es destino”. Lo escribió hace más de 200 años el filósofo francés Auguste Comte. Nos advertía de que el futuro del ser humano vive ligado a su comportamiento como especie. Está anclado a sus nacimientos y defunciones. A la edad de su población. A sus movimientos. A la vida y, sobre todo, al discurrir del tiempo. La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística (INE) presentaba las proyecciones demográficas para España en la próxima década y esa fotografía positivada a cámara lenta nos reveló la imagen de una fuerte caída de la natalidad y un envejecimiento de la población, y por primera vez, desde la Guerra Civil, habrá más defunciones que nacimientos. Todos seremos más viejos. La esperanza de vida se irá alargando y en 2022 será de 87 años para las mujeres y 81,8 para los hombres. Son 2,5 y 1,9 años más que los que vivimos ahora. Y para entonces, en esta tierra habitada de pueblos distintos e historias diferentes, residirán 9,7 millones de personas mayores de 64 años, cerca de 1,5 millones más que en la actualidad. De ellas, 23.428, centenarias, el doble de las que sumamos hoy. Tesoros nacionales.

En un país en el que los minutos serán más largos para todos, los ancianos revolucionarán la economía. Es, quizá, la fuerza de cambio social más importante en la historia socioeconómica reciente de España desde que en los años setenta del siglo pasado se creara una clase media. “Es una situación comparable y, además, opuesta. Esa clase fue fruto del baby boom [nacidos entre 1957 y 1977], y ahora vivimos la situación contraria, quienes crecen son los ancianos y no los niños”, reflexiona Carlos Martín, economista experto en demografía de Comisiones Obreras (CC OO). Y alerta: “Una sociedad envejecida es una sociedad enferma”. ¿Será así? ¿Enfermamos?

La situación de envejecimiento de España “es irreversible, pero no es una catástrofe”. Esta es la primera frase que deja Antonio Abellán García, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y toda una referencia en estos asuntos. “Si desaparece la forma de pirámide de población y se convierte en un pilar, no es un fracaso. Hablamos de un éxito, ya que demuestra que no fallecen tantos niños, adultos o adolescentes”. En el fondo, “vivimos más porque vivimos mejor”, sintetiza. Lo cual no quiere decir que miremos hacia otro lado, pues las cifras nos amenazan. A partir de 2023, el proceso de envejecimiento del país se acelerará porque comienza la jubilación del baby boom. “Debemos ocuparnos intensamente de los temas de envejecimiento pero no tenemos que alarmarnos, ya que la alarma lleva a la sociedad por caminos equivocados”, matiza el investigador.

Con más preocupación o menos, la sociedad a la que vamos será muy diferente, y, por eso, las empresas y la propia economía tendrán que adaptarse. El envejecimiento lo cambia todo o casi todo. Las finanzas, el consumo, los inmuebles, la industria farmacéutica, la sanidad, el diseño de productos, el sector del automóvil, la tecnología, el ocio. Con la mayor longevidad se ha ganado tiempo, y las organizaciones que sepan manejarlo tendrán una gran ventaja.

Paco Abad, director de la consultora aBest innovación social, narra que a las políticas de envejecimiento en la empresa les sucederá lo mismo que a las de Responsabilidad Social Corporativa (RSC). ¿Lo recuerdan? Tardaron en implantarse, sin embargo, cuando empezó el boom llegaron de forma vertiginosa. Esto ocurrirá, según calcula Abad, en tres o cinco años. Porque el mayor tiempo de vida de los españoles se ha convertido en una gran oportunidad de negocio si se logran respuestas a los desafíos. Por ejemplo, abaratar los productos y servicios básicos para que sean asequibles con unas pensiones cada vez más bajas; mejorar el diseño de los envases de muchos artículos con el fin de que resulten manejables; favorecer la vida autónoma en el hogar y adaptar viviendas, infraestructuras de transporte y espacios públicos.

En el fondo, la edad arroja dos guantes al mundo de la empresa. La necesidad de crear nuevos productos y servicios que den contestación a este envejecimiento y, a la vez, concebir una manera diferente de gestionar la vida laboral de sus plantillas. Las organizaciones deben entender que “hacerse mayor es la base de la existencia humana y una oportunidad única para mezclar la energía de los jóvenes y la sabiduría de los adultos mayores”, observa Enrique Alcat, profesor de IE Business School. Y añade: “Es inadmisible acabar con la vida laboral de una persona a los 55 años”.

Estamos, pues, obligados a prestar atención a la radiografía de este nuevo joven que llega a España. Tiene unos ingresos estables a través de las pensiones —lo que le convierte en un buen consumidor potencial—, se encuentra mejor preparado laboralmente que sus antecesores y, por lo general, se siente sano y activo. Incluso, hay quien, como Jordi Rifa, director de industria de la consultora Everis, revela el nacimiento de lo que llama “la cuarta edad” (mayores de 80 años). “Un cliente y un nicho de mercado específico, de gran calado para las empresas y con unas necesidades diferentes”, dictamina el analista.

El comercio toma nota

Esas necesidades distintas ya se dejan sentir en los lineales del supermercado. La gran distribución ha interiorizado el profundo efecto que tiene el envejecimiento en los productos de consumo. ¿Cómo va a manejar una persona mayor esos enormes detergentes, lavavajillas o champús que pesan un quintal? “Los artículos serán livianos, más fáciles de abrir, con tipografías grandes, transportables con sencillez y acorde a las cantidades que consumen”, desgrana Víctor Mirabet, consejero delegado de la consultora Coleman CBX. “Es una revolución”.

La transformación ha empezado ya por ofrecer a los ancianos productos con ese componente bio o saludable. La consultora Nielsen se ha interesado por este tema y ha firmado un estudio, El mercado sénior, cada vez son más, en el que ha pedido la opinión a los mayores de 55 años. Ellos cuentan que cada vez consumen menos bebidas alcohólicas y más productos ricos en calcio. El trabajo también revela que el 90% ve casi todos los días la televisión, y el 67% sale a comprar más de una vez a la semana. Excelentes pistas para crear una estrategia de marketing.

Y siguiendo el lineal llegamos a los bancos y el dinero. Los ancianos de la próxima década exigirán unas finanzas distintas. “Es un inversor más activo, posee mayores conocimientos financieros [escándalos como las preferentes han forzado ese aprendizaje] y opera a través de Internet”, describe Carlos Trevijano, socio especializado en finanzas de KPMG.

Por eso, un mercado de casi diez millones de personas no ha pasado desapercibido para los bancos, y algunos, los más innovadores, diseñan estos días productos para esta población. Bankinter es uno de ellos, y aunque en el competitivo mundo financiero manda la discreción, su arquitectura bien podría transitar por instrumentos que produzcan rentas genéricas o fondos de inversión que distribuyan dividendos. Pues para las entidades es un nicho goloso.

“Los clientes de edad avanzada son los que más patrimonio acumulan y demandan mayores servicios de asesoramiento”, resume Santiago García, responsable de productos de inversión de Citi. Otra característica que comparte este inversor maduro es “la aversión al riesgo”, apunta Juan Esquer, socio del banco GBS Finanzas. Pero este perfil muta y evoluciona.

Sostiene Ricardo González, director comercial de Mutuactivos, la gestora del Grupo Mutua Madrileña, que parece probable que cambie el tipo de instrumentos en los que invierten los españoles de mayor edad. “Hasta ahora concentraban las inversiones en productos garantizados y de renta fija con el objetivo de preservar el capital. Si se comienza a ahorrar antes y, además, se dispone de ese dinero más tarde a través de rentas temporales o vitalicias, quizá deberíamos incrementar el riesgo usando instrumentos como los planes de pensiones”. El deseo del Gobierno de rebajar un 30% las comisiones de estos activos puede ser un buen aliciente.

De todas formas habrá que ser más creativo que antes, ya que el principal producto financiero pensado solo para los ancianos fueron las hipotecas inversas (permite a los mayores de 65 años cambiar su piso por una renta periódica y seguir viviendo en su casa hasta el fin de sus días), y no han funcionado. Tal vez porque los hijos o nietos no quieren prescindir de ese patrimonio familiar. Y tampoco parece que cuaje la Bolsa. Solo el 10% de los clientes de la agencia bursátil IG Markets supera los 60 años.

Cuando el hogar es hostil a ciertas edades

Y junto a las finanzas, quizá sea el sector inmobiliario el que notará con más intensidad la nueva demografía. Cada vez encontramos más ancianos viviendo en soledad, y esa sensación de que la casa se cae encima, según dicen los sociólogos, aumentará cuando pase la crisis. Ahora se mitiga porque muchos hijos continúan viviendo en el hogar. Pero, con el tiempo, la casa dejará de estar encendida y la vivienda se verá que resulta inapropiada. Fallará el tamaño, los equipamientos, y para entonces, la incomodidad (enchufes fuera de altura, fregaderos y baños no adaptados, ni diseñados para adultos mayores; suelos que deslizan, carencia de ascensores, ausencia de insonorización…) resultará evidente. Esto facilita la entrada de una potente industria de la domótica y la rehabilitación. Tanto dentro como fuera del hogar.

“Será necesaria la rehabilitación integral de barrios enteros y no solo en el centro de la ciudad, sino también en la periferia, localidades que tienen un parque de viviendas muy antiguo que no cumple con las condiciones mínimas que necesitan las personas para vivir, muchas de ellas mayores”, prevé Carlos Smerdou, consejero delegado de Foro Consultores.

Pero este negocio, que también puede trasladarse a la segunda residencia, tanto para ancianos españoles como extranjeros, y que podría descargar una lluvia millonaria sobre el magullado ladrillo, tiene que saber leer la idiosincrasia de esta población. “Hay que evitar los guetos. No tienen éxito. Los mayores, al menos los españoles, valoran las redes sociales. No quieren un barrio de ancianos. Por tanto, ¡ojo! con las ciudades residenciales, al estilo estadounidense, solo para viejos”, advierte Antonio Abellán García, del CSIC.

Los ancianos huyen de los espacios asfixiantes y, apoyados en esa mayor duración de la vida, reclaman atención. Por eso, todo lo relativo a la dependencia tiene posibilidades, una vez que los sucesivos recortes de la Administración la hayan desangrado. Lo que iba a convertirse en el cuarto pilar del Estado de bienestar se diluye o lo diluyen. En 2013, el número de personas atendidas se ha reducido en más de 15.000. Hay urgencia y necesidad.

Y como una respuesta a esa precariedad y frustración entra en juego la “nueva familia”. Estas son las dos palabras que emplea para nombrarla Gerardo Meil, autor del estudio Individualización y solidaridad familiar (Fundación La Caixa). En este espacio familiar, ambos cónyuges tienen trabajos remunerados y, como máximo, dos hijos. Al disponer de poco tiempo, cuidan a sus ancianos de “una forma teledirigida”, admite el experto. Por eso delegan en centros asistenciales privados o en profesionales que acuden a casa.

Poco extraña, pues, que la salud, según comenta Nielsen, se haya convertido en la primera preocupación de los ancianos españoles. Lógico. También la lógica impone que la propensión a consumir medicamentos aumenta con la edad y con la esperanza de vida. Estas dos situaciones reman a favor de la industria farmacéutica, que siente el negocio.

“El 60% de todo el consumo farmacéutico procede de los mayores de 65 años”, puntualiza Pedro Luis Sánchez, director del departamento de Estudios de Farmaindustria. También llegan, ahonda un informe de la gestora Fidelity, buenas noticias para los fabricantes de medicamentos genéricos, distribuidores de fármacos y aseguradoras de salud, no solo por el envejecimiento, sino debido a los esfuerzos de los Gobiernos por controlar la presión sobre los costes de los sistemas sanitarios públicos.

Sin embargo, después de todo este relato lleno de números y palabras, el inexorable envejecimiento nos conduce a lo relevante: las personas. Y al igual que vivimos un cambio demográfico debe haberlo en la sociedad española para comprender que los ancianos son tesoros nacionales. Desde 1966, en Japón, un país con unos habitantes también cargados de años, el tercer lunes de septiembre se celebra el Keiro no Hi (Día del Respeto a los Ancianos). Un recordatorio del valor de lo que todos —si el destino nos lo permite— seremos algún día.

from Portada de EL PAÍS http://elpais.com/economia/2013/11/29/actualidad/1385753835_917479.html

El capitán de la política argentina

Cristina Fernández ha designado por fin a un Jefe de Gabinete que hace honor al título del cargo. El superministro Jorge Milton Capitanich ha conseguido disimular en una semana y media el hueco de una presidenta que, aunque sigue firme al mando de la nave, redujo de forma drástica la presencia pública a causa de su salud. Desde que se recuperó de su convalecencia el lunes 18 de noviembre, Fernández solo acudió una vez a la Casa Rosada y solo en esa ocasión habló en directo ante las cámaras. A cambio, Capitanich (pronúnciese con acento en la última sílaba) aparece por todas partes y a todas horas.

Fernández dejó marcharse al que era el hombre fuerte en la sombra de su Gobierno, el secretario de Estado de Comercio, Guillermo Moreno -el que ejecutó las políticas de manipulación de las cifras de inflación y restricción de importaciones- y recibió con todos los honores de sus cargos el nuevo ministro de Economía, Axel Kicillof y al nuevo Jefe de Gabinete. Ambos se conocen desde la década de los noventa, cuando Kicillof trabajaba para una consultora de Capitanich. Incluso escribieron un libro de forma conjunta en 1999 sobre federalismo fiscal en el que abogaban por una mayor descentralización en la recaudación de impuestos. Kicillof tiene 42 años y Capitanich cumplió el jueves 49. El primero se considera de izquierdas mientras Capitanich conserva su fama de pragmático. A Kicillof lo apoya La Cámpora –léase Máximo Kirchner, hijo de la presidenta- y a Capitanich el peronismo de toda la vida. De momento, los viejos conocidos transmiten una imagen de unión.

Capitanich o Coqui, que es como se les llama en Argentina a muchos Jorge y como se le conoce en el mundo de la política, es católico y devoto del papa Francisco. Pero ha conseguido que su catolicismo no le reste votos ni por la izquierda ni por la derecha. Como gobernador de la provincia norteña del Chaco, donde ha gobernado desde 2007, siempre evitó afrontar los temas como el aborto o el divorcio exprés.

Después de los votos que le ha restado la oposición al Gobierno reclamando más diálogo y menos soberbia, Capitanich viene dispuesto a cultivar su fama de hombre de consenso. El pasado martes aceptó recibir en la Casa Rosada al alcalde opositor de Buenos Aires, Mauricio Macri, y al gobernador opositor de la provincia de Santa Fe, el socialista Antonio Bonfatti, un gesto de mano tendida impropio de este Gobierno. Además, anunció que irá al Senado para ofrecer su informe mensual de gestión ante todos los grupos, algo que casi nunca cumplieron sus antecesores.

Prometió que iba a dar una conferencia de prensa cada mañana. Y cada mañana a las ocho se planta de pie en un pasillo de la Casa Rosada rodeado de micrófonos y grabadoras. En 12 días en el cargo ha contestado a más preguntas de periodistas que la presidenta en seis años. Es cierto que lo hace con la habilidad suficiente para no decir nunca nada relevante. Pero consigue llevarse la foto y los titulares de la mañana.

Capitanich es el primero en llegar a la Casa Rosada –a las siete de la mañana- y el último en irse –a menudo, a las once de la noche-. Trabajó el sábado, el domingo y el lunes pasado, que era festivo en Argentina. Y en medio del puente, el sábado citó en la Casa Rosada al ministro de Economía, a la de Industria y al de Planificación. El domingo convocó al ministro de Educación. No había ninguna reforma educativa de imperiosa urgencia. Pero lo citó el domingo y difundió la foto correspondiente de ambos en el despacho.

Al día siguiente, cuando el ministro de Industria español, José Manuel Soria, y varios representantes de Repsol, se reunieron en la sede de YPF con Kicillof, Capitanich no desaprovechó la oportunidad de acudir a YPF para saludar en la hora del almuerzo a los españoles. Este sábado disparó su primer tuit del día a las 8:45. Una hora después ya recorría los Museos Nacionales de Buenos Aires junto al Secretario de Cultura.

Como buen peronista supo ser menemista con Carlos Menem (1989-1999), duhaldista con Eduardo Duhalde (2002-2003), con el que ya fue Jefe de Gabinete cuatro meses, senador y amigo de la senadora Cristina Fernández con Néstor Kirchner (2003-2007). Algunas de las personas que lo conocen aseguran que no es cínico, que siempre creyó en lo que hacía, ya fuera el liberalismo de Menem o el kirchnerismo de Fernández.

Estudió contabilidad y se graduó en varios cursos económicos de posgrado. Le apasiona el fútbol y las matemáticas. Y hasta ideó varias fórmulas para mejorar el rendimiento de los jugadores de la selección argentina. Ascendiente de inmigrantes montenegrinos, se casó con Sandra Mendoza, la hija de un dirigente peronista chaqueño con la que tuvo dos hijas y a la que nombró ministra de Sanidad en el Chaco. Hace cuatro años se divorció de ella y la echó del Gobierno.

Coqui llega a la Casa Rosada con la medalla de haber ganado el pasado 27 de octubre la gobernación de la provincia del Chaco con casi el 60% de los votos, mientras sus compañeros de partido perdían en los cinco principales núcleos electorales del país. Llega también con la vista puesta en las presidenciales de 2015. Si consiguiera –que es mucho conseguir- enderezar el rumbo de la economía sería un gran aspirante a suceder a Fernández. No lo tiene fácil en un Gobierno acuciado por la inseguridad, una inflación en torno al 25% y una caída en las reservas de dólares de su Banco Central del 28% respecto al año pasado. Pero Capitanich tiene dos años por delante, le han dado el brazalete de capitán y no para de pedir balones.

from Portada de EL PAÍS http://elpais.com/internacional/2013/11/30/actualidad/1385834545_881319.html

“Tuvimos un arma apuntando a la cabeza”

Hernán Pérez Orsi escuchó el ruido de las hélices de un helicóptero y salió apresuradamente de la cabina. Como segundo oficial del barco, encargado de la navegación, este hombre de mar, argentino, de 40 años, se dirigió al puente de mando. Una docena y media de individuos con pasamontañas se descolgaba mediante cuerdas sobre el Arctic Sunrise con las armas en ristre. Pérez lanzó la alarma antipiratería. Acabaría siendo acusado de pirata.

Los hombres armados irrumpieron en el puente con sus ametralladoras. Arrastraron por el suelo al videoperiodista freelance Kieron Bryan, británico de 29 años, que viajaba junto a los activistas para documentar la acción. Dieron la orden de parar máquinas. Así empezó la pesadilla. Y así la narra por teléfono, desde un hotel en San Petersburgo, Pérez Orsi, con el eco de los llantos de su pequeña hija Julia, de un año, resonando en la habitación. “Fui secuestrado por las fuerzas especiales rusas”, sentencia, sereno.

Los llamados 30 del ártico están en libertad bajo fianza. Los 28 activistas de Greenpeace y los dos periodistas que fueron detenidos el pasado 19 de septiembre tras una acción de protesta en la plataforma petrolera Prirazlómnaya, en el mar de Pechora, entre la costa continental rusa y la isla de Nóvaya Zemliá, han sido liberados con cuentagotas, uno a uno, a lo largo de las últimas dos semanas. El último, el australiano Colin Russell, abandonó la prisión el pasado viernes. En la que es la primera entrevista que algún tripulante del barco concede a un medio de comunicación español, el marinero Hernán Pérez Orsi y la activista Camila Speziale, ambos de nacionalidad argentina, relatan la dureza de la detención y encarcelamiento que han sufrido. “Todos tuvimos un arma apuntando a la cabeza”, cuenta en alusión a la detención, también por teléfono, desde un céntrico hotel de la ciudad rusa, Speziale, de 21 años, la mujer que ha copado las portadas de los medios de comunicación argentinos. “Nadie está preparado para tener un arma apuntando a la cabeza. Esos momentos no se pueden olvidar. Fue una detención violenta e injusta”.

Hace dos meses y medio que comenzó la pesadilla. Y aún no ha terminado. Los activistas han sido liberados bajo fianza —42.000 euros por cada activista— por el Tribunal de San Petersburgo mientras el Comité de Investigación de la Federación Rusa prosigue sus pesquisas para determinar qué ocurrió el 18 de septiembre. Los activistas de Greenpeace fueron acusados en un primer momento de piratería, lo que podía suponer hasta 15 años de cárcel; aunque, formalmente, estos cargos no han sido aún retirados, confirma una portavoz de Greenpeace en España, en la práctica, es el cambio de la acusación a un delito de vandalismo, que contempla penas de hasta siete años de prisión, lo que ha facilitado la puesta en libertad bajo fianza. “Pero todo sigue en un limbo”, dice Speziale, que se muestra muy emocionada ante las muestras de apoyo recibidas a lo largo de estos dos largos meses y medio. “Necesitamos que sigan haciendo protestas, que sigan peleando por nosotros, aún no somos libres; necesitamos que se retiren los cargos”.

Cuando en la madrugada del 18 de septiembre la joven Camila, experta escaladora, se enfundaba el mono de neopreno para iniciar la acción de protesta, poco podía imaginar lo que se le venía encima.

El objetivo era encaramarse a la gigantesca plataforma petrolera propiedad de la empresa gasística rusa Gazprom, una mole de 117.000 toneladas de peso implantada en medio del océano Ártico, para denunciar los peligros que entraña la extracción de petróleo en el Polo Norte y sus consecuencias sobre el calentamiento global. Hace años que Greenpeace y World Wild Fund (WWF) denuncian que Prirazlómnaya carece de medidas de seguridad adecuadas en el caso de que se produzca un vertido.

La finlandesa Sini Saarela y el suizo Marco Weber fueron los encargados aquel día de intentar escalar a la gigantesca mole rusa. La acción fue abortada por el servicio de guardas fronterizos rusos. Los vigilantes de la plataforma llegaron a efectuar disparos para disuadir a los activistas.

Pero es al día siguiente, el 19 de septiembre, cuando se desencadena la operación de detención. “Al acceder al puente de mando, nos apuntaron con ametralladoras”, rememora Hernán Pérez Orsi. Reunieron a toda la tripulación en el comedor, mientras requisaban móviles, cámaras, ordenadores y portátiles de los camarotes. A Pérez Orsi, que es hipoacúsico, le arrancaron los audífonos. “No me golpearon”, asegura, “pero vivimos cinco días de violencia: estuvieron todo el tiempo armados”. El Tribunal Internacional del Derecho del Mar falló el pasado viernes 22 a favor de los activistas de Greenpeace, respondiendo a una demanda de las autoridades holandesas, bajo cuya bandera navegaba el Arctic Sunrise. Este tribunal, establecido en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ordenó a Rusia que libere a los activistas y no retenga más el barco. La Federación Rusa no acudió a las vistas aduciendo que esta corte no tiene autoridad en este caso.

La travesía durante la cual se remolcó el Arctic Sunrise hasta el puerto de Múrmansk duró cinco días. “Pensábamos que nos pondrían en libertad”, cuenta Speziale. Pero no fue así. Los activistas fueron interrogados en los tribunales de la ciudad portuaria, ubicada en el noroeste del país, y repartidos entre cinco cárceles. El jueves 3 de octubre se les acusaba formalmente de piratería.

Camila Speziale, joven estudiante de fotografía con inquietudes medioambientales, cuenta que la experiencia en prisión ha sido muy dura. Estaba sola en una celda de unos seis metros cuadrados en la que había cuatro camastros y una televisión. “No vi el cielo por dos meses. Hubo momentos en que estaba bastante mal”, relata.

Speziale procede de un barrio de clase media de Buenos Aires, Caballito. Es la mayor de seis hermanos. Ingresó como voluntaria en Greenpeace hace tres años, pero su interés por el medio ambiente viene de lejos. Estudió para veterinaria y participó en protestas contra la minería a cielo abierto en Chile y Argentina. “Desde chica tuve una gran conexión con la naturaleza”.

En la cárcel, cada día, disponía de una hora para salir a caminar por unos largos pasillos de paredes grises que compartían un techado común y permitían que las reclusas se comunicaran a gritos. La segunda vez que salió a caminar, escuchó que una reclusa gritaba su nombre. Sus compañeras estaban allí. “Me di cuenta de que no estaba sola”. Cada jornada, esa hora de caminata se convertía en un pequeño bálsamo para sobrellevar la adversidad. Se pasaban mensajes. Cantaban. El mítico I will survive, de Gloria Gaynor, y el no menos mítico No woman no cry, de Bob Marley, les daban fuerzas para afrontar la dureza del penal.

Pérez Orsi compartió una celda de unos 12 metros cuadrados con dos jóvenes rusos en Múrmansk. Cuando entró en prisión pesaba 90 kilos. Ha perdido 12 en dos meses y medio. Cada vez que le servían una sopa, se afanaba en rebuscar entre la verdura para ver si, por suerte, aparecía algún pedacito de carne. Cuenta que se acostumbró rápido a un régimen alimenticio donde eran frecuentes el repollo, las patatas y los cereales.

Es un hombre de mar. Lleva 20 años navegando, está acostumbrado a estar lejos. “Pero siempre sé cuál es mi fecha de regreso”, puntualiza. Ahora, no. Aún no sabe cuándo acabará este mal sueño. “He vivido mares bravos, temporales, incendios. Pero este proceso es algo sobre lo que no puedes tener ningún control”.

Pérez Orsi, nacido en Mar de Plata, es un fanático del equipo de fútbol Boca Juniors que ingresó en Greenpeace hace dos años. “Es como cuando a un futbolista le llaman para entrar en la selección”, dice. Siempre quiso trabajar para la organización ecologista. Pero tardó en encontrar el momento de hacerlo.

Su pequeño cuaderno de sudokus ha quedado totalmente machacado tras el paso por la cárcel. “Eran pequeños problemas que sí podía resolver”. Las 20 hojas, con cuatro sudokus por página, eran borradas una y otra vez para volver a empezar. Hasta ocho veces. Investigó incluso cómo armar un sudoku; “algo que uno solo tiene tiempo de hacer cuando está en la cárcel”, bromea.

El lunes 11 de noviembre, los 30 detenidos eran trasladados a San Petersburgo y repartidos entre tres penales de la ciudad. Camila Speziale recalaba en el centro penitenciario Sizo 5; Pérez Orsi, en Sizo 4. Esta vez, la habitabilidad de las celdas era algo mejor. “El director de la cárcel mandó pintar para nuestra llegada”, cuenta Pérez Orsi.

Once días más tarde, el viernes 22, el juez le otorgaba la libertad bajo fianza. “Fue una alegría muy grande, me emocioné”, dice el marinero. Su esposa ya tenía billetes comprados para ir a visitarle a la prisión con la pequeña Julia. Ha podido reencontrarse con ellas en libertad. Pero la incertidumbre sigue ahí. “Aún no sé si me van a juzgar y mandarme de nuevo a la cárcel”. El Comité de Investigaciones de la Federación Rusa dispone ahora de tres meses para proseguir en sus averiguaciones.

Un día antes, el jueves 21, abandonaba la prisión Speziale. “Me preocupa lo que pueda pasar, tengo miedo, obviamente”, confiesa, “pero ahora estoy más relajada, a la espera de buenas noticias”. Speziale está satisfecha con la misión, a pesar de todo. “Gracias a que estuvimos detenidos se sabe del problema que hay en el Ártico”. Desde su habitación de hotel, cuenta que aún le cuesta conciliar el sueño por las noches. No puede evitar pensar en lo que sería pasar varios años tras las rejas si, tras el juicio, ella y sus compañeros son condenados.

Ambos se muestran infinitamente agradecidos por las muestras de apoyo que han recorrido el planeta. En el Arctic Sunrise viajaban activistas procedentes de 18 países. En esta ocasión, no había ningún español en la tripulación comandada por el legendario Pete Willcox, el hombre que capitaneaba el Rainbow Warrior en 1985 cuando fue atacado por los servicios secretos franceses. “Espero que no volvamos a la cárcel”, declara Pérez Orsi. “Tienen que entender que la gente tiene derecho a levantar su voz. El derecho a protestar es muy importante. Hay que saberlo y hay que hacerlo saber. Protestar nos hace seres humanos”.

from Portada de EL PAÍS http://elpais.com/sociedad/2013/11/30/actualidad/1385832000_293767.html

Vega Sicilia, la ilusión de la escasez

Sobre la mesa del restaurante de Los Ángeles donde se celebra la cata hay muchos miles de euros en vino. Las botellas, alineadas, esperan el visto bueno del enólogo de Vega Sicilia, Xavier Ausàs. Todo el vino salió un día de la bodega donde trabaja, aunque buena parte, muchos años antes de que él naciera. De las 23 botellas de Vega Sicilia Único que se descorchan en esa comida, la más antigua es de 1941. La ha aportado uno de los coleccionistas que acuden al evento, reservado a un selecto grupo de aficionados al vino convocados por Bipin Desai, un físico de origen indio, coleccionista y considerado uno de los mayores entendidos de EE UU. Los asistentes, de paladar fino y cuenta corriente más que abultada, probarán en tres días más de 80 caldos. El evento, celebrado a mediados de noviembre, es privado. Bipin Desai lo ha dispuesto todo y ha decidido quién asiste. La bodega (que invitó a EL PAÍS a asistir a la cata) acude a la cita para explicar cómo producen sus caldos. Los asistentes escuchan al enólogo, mientras paladean tintos de hace más de 30 años. Piensan, quizá, si se harán con algunas botellas para engordar su colección.

Vega Sicilia está cómoda en este círculo de exclusividad. La mítica bodega de Ribera del Duero, fundada en 1864, ha sabido preservar para sus marcas clásicas (Reserva Especial, Único y Valbuena) ese aire de vino de colección, de capricho, de objeto difícil de conseguir. La tentación de aumentar la producción, y así la facturación, parece comprensible. Pero entonces, quizá, morirían de éxito, porque si inundan el mercado, matarían esa ilusión de la escasez que rodea a estas botellas. ¿Cómo combinar eso con la necesidad de hacer caja?

En el sector muchos siguen pensando que Vega Sicilia es una empresa pequeña. No es cierto. La producción depende de la calidad de la cosecha. Ninguna de sus bodegas produce en masa. Pero entre las cinco que controlan tienen capacidad para sacar al mercado más de 1,3 millones de botellas. Pero la empresa, para alimentar su leyenda de exclusividad, mantiene para sus vinos españoles un sistema de distribución único: su venta directa se limita a los clientes que conforman una lista cerrada. Cada uno de ellos tiene un cupo asignado. Los hay con derecho a adquirir tres botellas al año. Otros (tiendas, restaurantes o exportadores) podrán comprar varios cientos de botellas. Ellos serán luego los encargados de que el común de los mortales pueda hacerse con una botella de Único o Valbuena sin estar en la lista, eso sí, si puede pagar el sobreprecio que impondrá este intermediario.

Una botella del Único de las que la bodega sacó al mercado este año, elaborada en 2003, pasa a manos de uno de los miembros de la lista de clientes por 120 euros más IVA. Si ese cliente es una tienda especializada, lo venderá probablemente por unos 180 euros. Ahora. Dentro de diez años, cuando se hayan descorchado buena parte de las 100.000 botellas que se produjeron, la factura subirá. En un restaurante se disparará. Y si el vino data de 1941, el precio ni se dice.

Sin embargo, la empresa no verá esos beneficios futuros, que se embolsará el coleccionista o la tienda que guardó el vino siete décadas. La bodega, sin embargo, encontró hace años el modo de cuadrar sus cuentas, cada vez más abultadas. Con otras marcas. Esa ha sido la estrategia de Pablo Álvarez, responsable de Vega Sicilia desde que su padre, Pablo Álvarez, dueño de la empresa de seguridad y limpeza Eulen, compró la bodega en 1981 y la puso en sus manos. Catualmente una guerra familiar ha dividido a esta familia, que batalla duramente en los tribunales por la gestión de la empresa, en manos de un grupo formado por cinco hijos de los siete que tiene el patriarca, David Álvarez. La guerra familiar, sin embargo, no ha impedido que Vega Sicilia dé cada vez más frutos.

El Enebro, la sociedad patrimonial de los Álvarez que posee las Bodegas de Vega Sicilia, facturó en 2012 más de 39 millones de euros. Logró un beneficio de 6,9 millones. las bodegas, dice Álvarez, suponen cerca del 80% de la facturación de esta sociedad.

Cuando los actuales dueños se hicieron cargo de las bodegas, en 1981, la facturación era de 200 millones de pesetas, algo más de un millón de euros. Porque cuando llegaron a Vega Sicilia solo salía de su tierra Único y Valbuena. Ahora producen Alión, también en Ribera del Duero; Pintia, en Toro; Macán, en Rioja, y Oremus, vino blanco seco y dulce, en Tokaj, Hungría. El endeudamiento, aseguran sus responsables, es prácticamente nulo.

Con todas las etiquetas españolas los Álvarez mantienen la distribución por cupos. Para los vinos más exclusivos, logran una demanda que muchos años multiplica por 10 la oferta. Pero si un Único está diseñado para lograr su mejor momento 30 años después de salir de la bodega, las botellas de Pintia de 2001, que ellos distribuyen a 18 euros más IVA, pueden descorcharse esta Navidad sin temor a estar desperdiciando una pieza de colección. Esas botellas más modestas requieren todavía un esfuerzo de promoción, que lleva a sus responsables a viajar por medio mundo para darlas a conocer. Pablo Álvarez reconoce que no es lo mismo colocar Vega Sicilia Único que Pintia. Por eso han tenido que trabajar en las marcas nuevas y salir a promocionarlas al exterior, que hoy supone el 40% de su negocio de media. Para ampliar la clientela extranjera asisten a eventos con entendidos, se reúnen con exportadores y, si hace falta, acuden a comentar las catas de coleccionistas millonarios en EE UU o Asia.

Uno de sus caballos de batalla es rentabilizar las bodegas Oremus, en Hungría, que compraron en 1993. “Todavía no va todo lo bien que debería funcionar. Estamos en equilibrio desde hace unos años. Ni ganamos ni perdemos. Pero necesita empuje”, reconoce Álvarez. La estrella de esa zona es el de Tokaj, vino dulce. “Es una zona que ha estado muchos años dominada por el comunismo y desapareció del mercado mundial del vino. La gente no sabe que existe el vino de Tokaj. Pero quienes lo prueban, se dan cuenta de que es increíble. Tienen una acidez que les da una frescura especial. Entre los siglos XVII y XIX eran los vinos más conocidos del mundo. Pero hay que levantarlo todo desde cero. Ha habido que rehacer hasta las viñas”, comenta el responsable de Vega Sicilia.

La compañía no tiene pensado frenar su expansión. Sigue estudiando nuevos proyectos. A Álvarez le gustaría tener más bodegas en el extranjero. Sobre todo en Francia o Estados Unidos. Y en España, los últimos años estuvieron coqueteando con la posibilidad de producir vino blanco. “No entiendo por qué en España no hay un gran vino blanco. No tiene sentido. Ahora se están poniendo algo de moda. Pero todavía hay quien dice eso de que el mejor vino blanco es un tinto. Y yo creo que no es verdad”, comenta Álvarez. Vega Sicilia produjo vino blanco hasta 1948. “Yo una vez probé uno de 1938, y estaba vivo. Eso significa que algo habría”, comenta. Ese fue uno de los motivos por los que hace diez años plantaron algunas variedades para experimentar. “Hicimos unas pruebas… En la viña hay que tener paciencia. Pero no nos ha parecido que lo que nos ha salido esté a la altura de nuestra marca. Y decidimos abandonar el proyecto de momento”, confiesa.

Mientras tantean nuevos experimentos, el apellido Álvarez se convierte cada más en un habitual de los medios de comunicación. No por sus vinos, sino por la guerra familiar. El patriarca, David Álvarez, exige ante el Tribunal Supremo hacer uso del 51% de los derechos políticos sobre la sociedad de las bodegas, que cinco de sus hijos le niegan, tras haber sido a su vez apartados de Eulen, la otra compañía familiar. “Nosotros [los cinco hermanos] tenemos el 70% de las acciones. Proviene de la herencia de nuestra madre”, insiste Pablo Álvarez. Dice que de momento los problemas de casa no llegan a las bodegas. ¿Qué ocurrirá si al final su padre retoma el control? “Es complejo. Yo creo que, diga lo que diga el Supremo, no pasará nada. Porque una cosa es lo que diga una sentencia y otra, que sea aplicable”, señala. Mientras los jueces deciden, Álvarez tiene una agenda apretada. Ha fijado varias citas en Hong Kong, Shanghái, Pekín y Tokio en solo una semana. Verá a coleccionistas e importadores que quieren conocer los secretos de Vega Sicilia. Álvarez tratará de convencerles de que su vino es único.

from Portada de EL PAÍS http://elpais.com/economia/2013/11/29/actualidad/1385758865_587001.html

Amazon: lo que se esconde tras el clic

8.45 de la mañana. El almacén de Amazon de San Fernando de Henares (Madrid) está abarrotado a la espera de la Navidad, cuando se produce el mayor tráfico de paquetes del año. En concreto, la plataforma de venta onlineprevé registrar el 16 de diciembre el pico de pedidos del año, que en 2012 se saldó con 43.000 solicitudes en 24 horas, cantidad que esta temporada piensan superar con creces, y de ahí que los trabajadores contratados por Amazon para la ocasión vayan a llegar a 600, en lugar de los 210 del año pasado, señala el director de operaciones de la compañía, Fred Pattje.

Los responsables del centro logístico se reúnen sobre el terreno para controlar cómo van los pedidos del día, que se distribuyen tanto por España como por el resto de Europa. Son 14 personas, lideradas por Jon, un arquitecto que hace de segundo de a bordo en esta gigantesca nave de 32.000 metros cuadrados, las que cada mañana tratan de resolver los problemas que se plantean en el almacén, problemas que si no se solventan en una semana son considerados “zombis”. Curioso término dentro de un lenguaje plagado de siglas y vocablos derivados del inglés.

En 2012 se solucionaron 800 problemas, en un proceso de mejora continua por el que pasan fallos como el que ahora se produce en la nueva versión del sistema de fotografiado de productos, “que se queda colgado”, o como el que acaba de solventarse tras bajar la velocidad de la máquina de plastificación de CD, que dejaba la malla incrustada en el plástico.

A partir de esta reunión, la visita al centro logístico de Amazon pasa a manos de Fred Pattje. Empieza en la zona de muelles, adonde llegan unos 30 camiones diarios cargados de material. En estas fechas se habrán convertido en 40, al ser la temporada alta. España es muy peculiar, puesto que tiene dos picos de máxima actividad, en torno a Nochebuena y a Reyes. En diciembre sube un 400% la demanda, explica.

Desde ahí, el material se reparte por tamaños, pequeño o grande, no hay término medio. Cada paquete pasa un control de calidad que dura seis segundos para determinar si está en condiciones de ser enviado al cliente o tiene algún desperfecto (un rasguño o o una minimancha en la portada de un libro). Y pasan a ser registrados, desde pesados y medidos hasta fotografiados, para posteriormente plastificarse o prepararse para ser almacenados en un centro que empieza a quedarse pequeño y amplía su superficie a lo alto, en metros cúbicos, indica Pattje.

Los 25 centros logísticos europeos de los que dispone Amazon guardan al menos 10 de los 32 millones de artículos que comercializa la plataforma. Cuando esta envía informáticamente las órdenes de pedido que se van a manejar en el día se pone en marcha la maquinaria que ahora mueven las 400 personas de San Fernando de Henares. Los envíos de entrega rápida (comprados y recibidos en el día) tardan tres horas en ser gestionados, dice el responsable del centro. Algo que se consigue con un engranaje tecnológico y humano diseñado al milímetro.

Valga como ejemplo el escaneador con GPS que guía al encargado de buscar los artículos que componen el pedido del cliente en las cuatro plantas del enorme almacén (en 2012 se movieron 19.000 productos diarios). Paquetes que se diferencian entre los que incluyen varios productos o uno solo. El trabajador los va a buscar de 60 pedidos en 60. El GPS le marca el camino de recogida paso a paso para que el tiempo se aproveche al segundo. Jesús cree que hoy hará más de 800 pedidos. Desde su carro con ruedas los artículos pasan a la zona de agrupamiento de pedidos, y luego, de empaquetado, en la que el sistema mecanizado e informatizado le dice al empleado la caja que ha de elegir entre una docena para ese envío concreto. Le lanza la factura, que pone en el fondo, porque al cliente no le gusta verla en primer lugar, y le indica los productos que tiene que introducir en la caja. Rosa lleva 246 artículos empaquetados hoy.

La cinta transportadora coge los paquetes e indica cuál es el camión en el que va a enviarse al cliente. “El sistema sabe la capacidad del camión”, señala Pattje, consciente de que los productos estrella de esta Navidad son el nuevo Kindle y la PlayStation 4. Aunque los Lego y muñecos varios inundan el almacén. Una curiosidad: con la serie El tiempo entre costuras, la venta de máquinas de coser ha crecido un 135%.

from Portada de EL PAÍS http://elpais.com/economia/2013/11/29/actualidad/1385744403_239774.html