Cómo competir en el mercado de la ilusión y la esperanza

El magma nacional de la indignación política y la desesperanza social crepitó este sábado sobre las calles de Madrid con una gigantesca “marcha por el cambio” que reunió a cientos de miles de personas, según los organizadores. No fue seguramente el detonante movilizador que nos anticipa la llegada de la III República española —como dio a entender Pablo Iglesias cuando pronosticó la víspera que la manifestación sería equiparable a la que precipitó la proclamación de la II República en abril de 1931—, pero puede decirse que Podemos acreditó sobradamente el terremoto electoral que se avecina y presentó sus credenciales para el asalto (democrático) al poder. Su ejercicio de movilización popular, su demostración de fuerza, le permiten tapar las grietas internas y levantar un muro defensivo contra las críticas externas que han empezado a arreciar.

El sábado, al mediodía en Madrid, el partido de las redes digitales contabilizó en votantes y militantes contantes y sonantes buena parte de sus apoyos virtuales y las intenciones de votos. Fue una marea humana, una crecida inmensa que ocupó por inundación la distancia que separa la plaza de Cibeles de la de Sol y rompió las costuras del recorrido fijado para desparramarse con un clamor reivindicativo y festivo. En ese kilómetro de la calle de Alcalá se liberó un caudal energético ingente y de alto voltaje que debe permitirles superar las pruebas de las elecciones municipales y autonómicas venideras y saltar sobre sus carencias organizativas y logísticas para poder acampar a finales de año a las puertas de La Moncloa.

Gentes venidas de toda España se dieron cita con Podemos guiados por el entusiasmo y la determinación de quienes ahora se reconocen protagonistas y hacedores de la historia presente. Digamos que las furias de la indignación y la rabia por la corrupción y el precio de la crisis, a pagar por los más débiles, se han desatado y que ya no será fácil devolverlas a la botella. Estaban allí probos ciudadanos hastiados de la corrupción, el deterioro de los servicios públicos y la creciente desigualdad social, parados, damnificados que han perdido pie y caído al vacío por los intersticios del sistema, jóvenes de futuro incierto, desesperados sociales, inmigrantes, trabajadores pobres de sueldos miserables… La empobrecida y adelgazada clase media caminaba hombro con hombro por las calles de Madrid empujada por un vientecillo helador. “¡Qué bien me viene este fresco, por Dios, con lo caliente que está una!”, comentaba una mujer envuelta en el fragor de los gritos y las consignas. Uno se pregunta cuántas de estas personas, gentes de toda edad, pero muchas de ellas en la madurez, salieron a la calle por primera vez, cuántos de los desentendidos de la política descubren la verdad revelada en las palabras de los líderes de Podemos.

Salta a la vista que la gran baza de este partido-movimiento es que compite ventajosamente en el mercado de la ilusión y el entusiasmo, un campo poco cuidado por las grandes formaciones, y al que los perdedores de la crisis necesitan acudir para encontrar un rayo de esperanza. Junto a ellos, desfilaron ayer muchos profilácticos y limpiadores sociales que, sin creer demasiado, poco o nada, en la capacidad y hasta en la honestidad intelectual y moral de los líderes de Podemos, juzgan necesario que el partido escoba —no se exhibió ninguna— acabe con la corrupción y fuerce a las grandes siglas a acometer la regeneración del sistema.

No se vio ninguna bandera española pero las enseñas autonómicas escoltaron a la omnipresente bandera republicana a lo largo de la marcha. Además de hacer saltar por los aires el tablero político nacional, Podemos puede muy bien trastocar los mapas electorales catalán y vasco y deshacer las hegemonías crecientes de esos nacionalismos. De entrada, tiene a su alcance frenar el flujo natural de votos que se incorporan a la política a través del nacionalismo radical ya que compite con una oferta rupturista alternativa pero de corte social y con capacidad para denunciar la alianza de los nacionalismos radicales y los institucionales, conservadores instalados desde siempre en el sistema: la otra “casta”. Aunque defiende la autodeterminación, Podemos quiebra la lógica nacionalista con sus mismas armas populistas de la simplicidad extrema en el diagnóstico: “España es el problema” contra “la casta es el problema”, y en la búsqueda de soluciones totales: “solo queda la independencia”, frente a “el Gobierno de la gente”.

La manifestación supuso para el partido de Pablo Iglesias un gigantesco salto de pértiga con el que alcanzar el terreno de la consolidación electoral y organizativa, la oportunidad idónea para congregar, conjurar y organizar a todos los simpatizantes que creen o quieren creer en ese eslogan del “Sí, se puede”. Es seguro que esta llama de indignación y rabia arderá con fuerza mientras la corrupción siga expuesta en el escaparate nacional y el efecto de la crisis económica sea tan duro.

 

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Guerra prudente contra el califato

Las lecciones del pasado —desde Vietnam hasta Irak— imponen la cautela. La campaña que lidera Estados Unidos contra posiciones del grupo yihadista Estado Islámico (EI) es una guerra prudente. A casi seis meses del inicio de sus bombardeos en Irak y a más de cuatro en Siria, la Administración de Barack Obama rehúye calcular la duración de su estrategia o los pasos siguientes. Y minimiza indicadores sobre la evolución del conflicto.

El Pentágono habla desde el primer día de una campaña de “varios años”. Y en ocasiones, como hizo esta semana su portavoz, John Kirby, concreta su duración entre “tres y cinco, probablemente”. Pero no revela cómo se llegará hasta allí. Para algunos analistas y políticos, evidencia una falta de estrategia. Para otros, refleja la experiencia de los últimos 10 años en Afganistán e Irak: dos guerras sin victoria, y mucho más largas y costosas de lo pensado. Sobre todo en Irak: tras la salida en 2011 de las tropas estadounidenses y por la caótica evolución de ese conflicto. Aún pesa la imagen de 2003 —tras 40 días de intervención— del entonces presidente George W. Bush anunciando en un portaaviones el fin de las operaciones de combate bajo un cartel de “Misión cumplida”.

La retórica oficial se repite al valorar la derrota esta semana de los yihadistas suníes en la ciudad siria de Kobane, fronteriza con Turquía y blanco de la mayoría de los ataques aéreos de la coalición liderada por EE UU. El Departamento de Defensa evita cantar victoria. Kirby lo usó para enfatizar el mantra de que la campaña será “larga, difícil, con éxitos y fracasos”. De hecho, los bombardeos apenas han mermado los dominios del EI en Irak y Siria. La conquista de Kobane —por la combinación aérea y de lucha sobre el terreno de milicias kurdas— ha sido el primer gran hito, aunque se mantienen los bombardeos en los alrededores de la ciudad.

Anthony Cordesman, un veterano analista de CSIS —un laboratorio de ideas en Washington— que ha sido asesor de la OTAN y de los departamentos de Estado y Defensa, cree que la expulsión de los extremistas de Kobane es más simbólica que un acierto estratégico. Ve una “guerra muy incierta”. “No se han resuelto los problemas de EE UU con Turquía, ni con los kurdos, ni preparado el terreno para ganar estabilidad en Irak o Siria”, afirma por teléfono. Como prueba de que no será fácil, la Casa Blanca ha incrementado el gasto en defensa en su propuesta de presupuesto de 2016 que enviará el lunes al Congreso, en un desafío a los actuales recortes automáticos.

El esmero por la cautela genera fricciones internas y ecos del pasado. Ante algunas críticas de lentitud, Lloyd Austin, el general del Comando Central del Ejército —encargado de los bombardeos—, desveló la semana pasada en una entrevista que los ataques han matado a cerca de 6.000 militantes del EI, sobre un total de entre 20.000 y 30.000. Los ataques también han causado víctimas civiles, según grupos de activistas. Pero el secretario de Defensa saliente, Chuck Hagel, tardó poco en matizar las palabras de Austin, al subrayar que “contar cuerpos” no es un indicador de éxito. “Estuve en una guerra en la que se contaban muchas bajas cada día. Y perdimos esa guerra”, dijo en alusión a Vietnam.

El futuro también divide. Austin avanzó que EE UU e Irak han iniciado preparativos para una contraofensiva en verano para tratar de expulsar al EI de Mosul, la segunda ciudad del país y que capturó en junio en un rápido avance en el norte ante la huida de buena parte de las fuerzas de seguridad iraquíes. Kirby replicó con un aviso: es “increíblemente prematuro y probablemente inútil” hacer previsiones. Entre 2003 y 2012, EE UU invirtió cerca de 25.000 millones de dólares en entrenar y equipar al Ejército iraquí. Ese fracaso es otro factor de prudencia en la campaña actual, que también incluye un programa de entrenamiento.

En Irak, EE UU y otros países occidentales bombardean posiciones del EI, y tienen asesores sobre el terreno —sin función de combate— que ayudan y preparan al Ejército iraquí. En Siria, los ataques son estadounidenses y de naciones árabes. No hay despliegue sobre el terreno dada la enemistad con el régimen de Bachar el Asad, que también combate al EI. El Pentágono ultima su plan de entrenar y armar en Oriente Próximo a unos 5.000 rebeldes moderados sirios. Cordesman cree que es una cantidad “demasiado limitada” para revertir la balanza.

Según Washington, los bombardeos han frenado el avance del EI, y han menguado su liderazgo y su capacidad de comunicarse y atacar. Pero, por ahora, tienen un impacto limitado en el territorio. En Irak, los yihadistas solo han cedido alrededor de un 1% de sus dominios, según el Pentágono. En Siria, pese a la pérdida de Kobane, se han expandido en partes del centro y el oeste, desbancando a los rebeldes moderados que EE UU pretende ayudar.

Para Nicholas Heras, investigador de CNAS, otro think tank, eso manifiesta una prudencia positiva de EE UU, que no achaca a una falta de estrategia: “Indica una consciencia de que es un asunto complicado”. Heras disecciona un enrevesado rompecabezas en Irak y Siria que llevará tiempo solventar e invita a no precipitarse. En el primero, el objetivo es reducir las tensiones sectarias para desarrollar una sólida oposición armada y civil a los yihadistas. En el segundo, apoyar a los debilitados rebeldes moderados para que derroten a los extremistas y, a la larga, fuercen la salida de El Asad.

Cordesman coincide con el Pentágono en que la campaña está en una fase muy inicial y de que la solución al ascenso del EI no solo es militar ni estadounidense. “Es una batalla en religión, ideología, economía y política. Los gobiernos de la región tienen que asumir el liderazgo en eso”, sostiene. Y también elude vaticinios: “En estas guerras, a menudo los cambios son inesperados. Adquieren un impulso que no está relacionado con un análisis cuidado. El tiempo es un producto muy relativo e incierto”.

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La OTAN se refuerza en los países bálticos ante la amenaza rusa

El cielo báltico se ha poblado de aviones de guerra. Hasta 16 cazas de la OTAN surcan desde hace meses el espacio aéreo de esta región europea, minúscula en tamaño —poco más de un tercio de la superficie española— pero con un vecino muy particular: Rusia. La cercanía de territorios como San Petersburgo o Kaliningrado y el nada despreciable porcentaje de población de habla rusa repartida por Estonia, Letonia y, en menor medida, Lituania, convierten esta área en la más inerme al desafío lanzado por el Kremlin desde que arrancó la guerra soterrada con Ucrania. La vigilancia reforzada de los aliados se mantendrá intacta al menos mientras dure la confrontación con Moscú.

La diversidad geográfica de la OTAN crea extraños compañeros de viaje en esta misión de proteger el Báltico. Una unidad de 115 soldados españoles se encarga, desde este mes y hasta final de abril, de vigilar Estonia, antigua república soviética con 1,3 millones de habitantes. Los militares aterrizaron en la base de Ämari —a 46 kilómetros de la capital, Tallin— con cuatro Eurofighters destinados a ahuyentar a los aviones de guerra rusos que se aproximan al espacio báltico.

“Normalmente vienen de San Petersburgo y se dirigen a Kaliningrado [región rusa enclavada en la UE]. En muchos casos resulta peligroso porque no informan de su plan de vuelo ni llevan encendidos los dispositivos que permiten detectarlos. Nosotros nunca provocamos, simplemente vamos a su encuentro, los identificamos y los escoltamos de vuelta a su territorio”, explica el teniente coronel Enrique Fernández Ambel en la base de Ämari, en un viaje organizado por la OTAN esta semana.

Los militares estonios, letones y lituanos están acostumbrados a recibir fuerzas extranjeras desde que se integraron en la organización, en 2004. Para evitar que tres Estados tan modestos realizaran costosas inversiones en cazas, los países de la Alianza asumieron, de manera rotatoria, la vigilancia de ese espacio aéreo ante la posibilidad remota de sufrir un incidente con sus vecinos. Pero hoy la sensación de riesgo se ha disparado y por eso los aliados han cuadruplicado el número de aviones desplegados en el mar Báltico desde la anexión rusa de Crimea, en marzo del año pasado.

La Alianza ha registrado un importante aumento de este tipo de exhibiciones aéreas rusas muy cerca del espacio europeo. “El año pasado se produjeron 144 incidentes, de los que ocho fueron violaciones del espacio europeo. En 2005, los incidentes sumaban 31. Los aviones rusos van armados; los nuestros no porque es una misión de paz”, explica el jefe de personal de las fuerzas aéreas estonias, el teniente coronel Riivo Valge. Fuentes aliadas describen como agresivo el comportamiento de los aviones rusos que, casi siempre sin infringir las normas, envían una señal de potencia militar a sus vecinos europeos.

Una simulación de estas conductas realizada en la base de Ämari muestra que el tiempo máximo de reacción desde que detectan a un avión ruso en escena no llega a 30 minutos. Al sonar la alarma en el hangar, el piloto se apresura hasta reunir lo necesario para subir al Eurofighter e interceptar al caza ruso en 15 minutos. Todo un reto para unos militares procedentes de la base de Morón de la Frontera (Sevilla) y poco curtidos en trabajar con temperaturas de -15 grados.

Además de utilizar la protección que brinda la OTAN, las repúblicas bálticas han despertado abruptamente de la ilusión de paz perpetua que las inundó tras independizarse de la URSS, en 1991. “Asistimos a un fuerte deterioro de la seguridad y eso ha llevado al Gobierno a aplicar sus propias medidas, como elevar el presupuesto militar al 2% del PIB o desarrollar nuevos sistemas de defensa y de ciberdefensa”, detalla en Riga Janis Sarts, secretario de Estado de Defensa de Letonia.

La presidenta lituana, Dalia Grybauskaite, ya instó hace unos meses a duplicar el presupuesto militar de su país y el teniente coronel estonio asegura que sus fuerzas armadas crecen rápidamente. “No esperábamos lo que ha ocurrido, pero después de 2008 [con la guerra entre Rusia y Georgia] estamos mejor preparados mentalmente para algo así”, asegura Valge sobre la escalada de tensión.

Los sobrevuelos cerca del espacio aliado ya han causado algún problema a aviones civiles, que han tenido que corregir apresuradamente la ruta para no colisionar con aparatos rusos. “Son parte de las maniobras militares habituales, pero ha habido un aumento de los vuelos y del riesgo. En esas situaciones se pueden cometer errores y eso puede colocar a los dos territorios en una situación de profecía autocumplida, con una escalada de la tensión”, advierte Borja Lasheras, experto de la casa de análisis European Council on Foreign Relations.

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¿Reformar la Constitución?

Que el sistema político español tiene graves problemas parece cierto. Que esos problemas quepa remediarlos a través de una reforma de la Constitución ya no lo es tanto, por dos razones: ni el derecho puede resolverlo todo ni es claro que todos esos problemas deriven de una defectuosa regulación constitucional que deba corregirse. Es posible que algunos puedan verse aliviados por cambios en la Constitución, otros sólo requieran de meras reformas legales, otros no habrá reforma constitucional que los resuelva, y todos precisen, más aún que de soluciones jurídicas, de una profunda transformación de la práctica política.

Por lo que se refiere a la actual debilidad de nuestras instituciones democráticas, erosionadas en su legitimación como consecuencia de una amplia desafección ciudadana, un problema que no es únicamente español, pues lo compartimos con otros países organizados bajo el mismo modelo de Estado democrático de derecho, sus causas no proceden, a mi juicio, de la Constitución, sino de un mal funcionamiento de los partidos políticos y probablemente también de una legislación electoral que no propicia la cercanía entre representantes y representados. De ahí derivan, creo, los problemas principales que tiene nuestra democracia: la desafortunada selección de líderes políticos, la atonía de nuestro parlamentarismo, la desmedida ocupación partidista de las instituciones técnicas de control e incluso la creciente desconfianza hacia la ley, percibida por los ciudadanos más como una decisión caprichosa en permanente mutación que como una norma racional y estable.

Es lógico que en una situación así prolifere la corrupción, que no es sólo económica sino también política y moral, como también lo es que sufra el Estado de derecho, con grave merma de la seguridad jurídica, que es su principal sustento. Como democracia y gobierno de las leyes son realidades conceptualmente inseparables, cuando enferman lo hacen conjuntamente, que es lo que hoy nos sucede. Y aunque es posible que ese mal, cuyos síntomas son evidentes, no haya alcanzado aún una gravedad extrema, es seguro que empeorará si no se toman con urgencia medidas adecuadas para atajarlo. Si queremos conservar cuanto de bueno hemos logrado los españoles a partir de la Transición política y de las tres primeras décadas de vida constitucional, deben adoptarse determinados cambios que sirvan para conjurar el riesgo evidente que hoy corre lo que con tanto esfuerzo, y de manera tan ejemplar, habíamos conseguido.

En tal sentido, para fortalecer la democracia y el Estado de derecho no creo, como ya he dicho, que se precise de una reforma de la Constitución (excepto quizás en un punto al que después me referiré), que dedica a ambos extremos una regulación cuyas prescripciones, en líneas generales (con la excepción apuntada), me parecen adecuadas y suficientes, salvo que se piense, lo que no es mi caso, que hay que sustituir la democracia representativa por una democracia directa que conduciría, no me caben dudas, a la destrucción del sistema de libertades en que toda democracia ha de asentarse.

Para revitalizar nuestra democracia constitucional, básicamente representativa, lo que sí se necesita, como requisito indispensable, aunque no suficiente, pues el derecho no lo puede todo, es una reforma legal sobre el funcionamiento interno y la financiación de los partidos, introduciendo controles eficaces y propiciando una mejora sustancial de la función de selección de liderazgos que hoy tan imperfectamente realizan. Esto último quizás no se logre sin revisar al mismo tiempo el sistema electoral, para lo que sí sería necesario reformar la Constitución, cuyas prescripciones (sobre todo la determinación de la provincia como circunscripción electoral para el Congreso de los Diputados) aunque pueden valer, y así ha sido, para organizar la representación, se presentan como un obstáculo para mejorar el modo de selección de los dirigentes políticos. Sólo si los partidos cambian radicalmente será posible encontrar algún remedio al grave deterioro de legitimidad política que hoy padecemos.

Otra fuente, indudable, de los problemas de nuestro sistema político procede de la organización territorial. El Estado autonómico, cuyos resultados, hasta hace unos diez años, fueron mayoritariamente positivos, ha entrado hoy en una fase de agotamiento, no sólo por no haber servido para disminuir la fuerza de los seccionalismos, ahora más pujantes que en las décadas anteriores, como lo muestra, al menos, la grave situación que existe en Cataluña, sino también porque se han puesto claramente de manifiesto muy importantes defectos en el funcionamiento general de la distribución territorial del poder. Es cierto que muchos de esos defectos se deben a un mal desarrollo del modelo, pero también lo es que otros, los principales, obedecen a razones estructurales, por lo que, para hacerles frente, además de adoptar reformas legales, me parece que resulta indispensable, aquí sí, realizar profundos cambios constitucionales.

No tanto para reformar el Senado, pues tengo muchas dudas sobre la utilidad, en los Estados compuestos, de una cámara de representación territorial, sino para sustituir el confuso sistema de distribución territorial de competencias que la Constitución y los Estatutos de Autonomía han previsto, por otro mucho más claro y eficaz, articulado de manera completa en el mismo texto de la Constitución, sin hacerlo recaer por completo, como hasta ahora, sobre las espaldas del Tribunal Constitucional, poniendo fin, además, al principio dispositivo que, plausible en los años del proceso constituyente, hoy no debe perpetuarse si queremos tener un Estado que funcione de manera aceptable. También para regular de modo preciso en la propia Constitución, lo que hoy no sucede, un modelo equilibrado y eficaz de financiación autonómica. Y de paso para eliminar muchos preceptos constitucionales de derecho transitorio, hoy completamente obsoletos. No creo, sin embargo, que esa reforma constitucional deba denominar necesariamente como federal a un Estado, el nuestro, que ya lo es, pero sí que refuerce los rasgos federales del Estado autonómico. Lo que no cabe, a mi juicio, es buscar la salida a nuestros problemas territoriales a través de la confederación, fórmula incompatible con un Estado eficaz e incluso, más aún, con un Estado constitucional.

Y en este punto es donde cabe plantear el problema de la integración constitucional de los nacionalismos. Problema, a mi juicio, jurídicamente insoluble si identificamos nacionalismo con independentismo, pues la mejor Constitución posible no serviría para que sus pretensiones desaparecieran, aunque una Constitución que preserve mejor las singularidades políticas, históricas y culturales de determinados pueblos de España sí puede servir para aliviar las tensiones nacionalistas o, al menos, para detener su expansión, pues que en nuestro ordenamiento sean lícitos, por fortuna, los nacionalismos no significa que ese ordenamiento pueda basarse en ellos. Por lo demás, el reconocimiento de aquellas singularidades, en mayor medida de lo hecho hasta ahora, no tiene por qué significar exactamente el establecimiento de un federalismo asimétrico, fórmula de muy difícil administración, pero sí buscar, para determinadas comunidades, modos de organización interna diferenciada y fórmulas de participación especial en las tareas comunes del Estado, preservando siempre, eso sí, la igualdad sustancial de derechos de los ciudadanos y la no discriminación entre Comunidades Autónomas.

Aunque los he expuesto separadamente, en el fondo los problemas de nuestra democracia y de nuestra organización territorial están enlazados. Y ambos requieren no sólo de reformas jurídicas, incluida la reforma constitucional que, cuando es necesaria, sirve precisamente para consolidar el sistema, sino también de reformas políticas, y estas últimas cabe resumirlas en dos: defender con firmeza en el campo de las ideas los valores de la España constitucional, democrática y autonómica, lo que hasta ahora se ha hecho muy poco, y ejercer una efectiva ejemplaridad pública desde el Gobierno y los partidos, un magisterio de costumbres, hoy tan escaso, que resulta indispensable para mejorar la educación cívica de los españoles. Al fin y al cabo, la virtud de los ciudadanos, tan necesaria en una democracia, sólo se logra si también son virtuosos los gobernantes, esto es, si hay un buen y no un mal gobierno.

Manuel Aragón es catedrático de Derecho Constitucional.

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“IU no se ha moderado en el Gobierno andaluz, ha madurado”

Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 1966) es el líder de IU de Andalucía y candidato a la presidencia de la Junta. Achaca la ruptura del Gobierno de coalición de Andalucía a una estrategia electoral del PSOE y ve muy complicado que este pacto se pueda reeditar.

Pregunta. Da la impresión de que han estado en shock durante la ruptura.

Respuesta. No hemos estado en estado de shock. Hemos tenido una respuesta rápida a una ruptura que no tiene que ver con los intereses de la sociedad andaluza, sino con cálculos electorales y con una clave personal.

P. El PSOE atribuye la ruptura al giro radical de IU en la dirección federal tras el ascenso de Alberto Garzón.

R. El PSOE ha hablado del viaje al Sáhara, del referéndum, de la incidencia de Garzón, del giro radical y de la convergencia. Son excusas, porque les ha salido mal la ruptura al pensar que la gente iba a comprarles un relato flojo. Frente a las especulaciones, la realidad. Y la realidad fue la aprobación del Presupuesto de 2015.

P. ¿Usted midió mal cuando propuso a la asamblea de IU un referéndum para decidir su continuidad en el Gobierno?

R. No. El paso fundamental de la asamblea fue decirle al PSOE que era la hora de cumplir lo acordado porque veíamos resistencias. Su reacción ha demostrado una falta de voluntad de cumplir el acuerdo. Son ellos los que han roto porque se niegan a desarrollar políticas de izquierdas.

P. Ha hablado de clave personal. ¿Cree que Susana Díaz quiere ir a las primarias del PSOE?

R. Cada vez estoy más convencido. Cuanto más repita que su interés es Andalucía, más demuestra que nadie cree las excusas de la ruptura y que quiere ser referencia a nivel estatal.

P. ¿Cuánto ha pesado en la ruptura su anuncio de que iba a pedir una comisión de investigación sobre toda la corrupción en Andalucía?

R. Mucho. Es la razón oculta, la que ellos no han querido dar.

P. ¿Qué diferencia ha percibido en el Gobierno de coalición con José Antonio Griñán como presidente y con Susana Díaz?

R. Hay una primera fase en la que sectores de la sociedad percibían con escepticismo nuestro papel en el Gobierno y nuestra capacidad de gestión, pero una convicción por las dos partes del acuerdo programático. La entrada de la actual secretaria general del PSOE supone una construcción de un discurso más personalista.

P. ¿Es posible un acuerdo de IU y Podemos antes de las elecciones del 22-M?

R. Nos vamos a presentar como IU con otras formaciones que quieran ir a una convergencia real, pero no estoy hablando del partido al que se refiere. IU se va a presentar con una clara identidad de izquierdas y con un sentido de utilidad.

P. ¿Y tras las elecciones es posible el acuerdo con Podemos?

R. Nosotros queremos tener capacidad para ser influyentes. ¿La ruptura del pacto por qué se produce? Porque hay sectores del gran empresariado y de la banca a los que les molesta y que quieren que IU no incida en el futuro de Andalucía. El PSOE y Susana Díaz se han prestado a ese objetivo.

P. Si tras el 22 de marzo existe de nuevo la posibilidad de un pacto PSOE-IU, ¿qué hará?

R. Nosotros queremos tener fuerza y el problema puede ser que el PSOE tenga que buscarse otros aliados porque no quiere afrontar políticas de izquierdas. En el debate que se producirá entre la militancia se tendrá en cuenta que aquí ha habido una persona que ha tenido una responsabilidad en la ruptura. Eso tiene una adición de incredulidad que pesará.

P. Pero, ¿ve posible un nuevo Gobierno de coalición PSOE-IU?

R. Complicadísimo.

P. Pero no imposible.

R. El problema está en que no vamos a afrontar un debate de acuerdos con alguien que ha incumplido de esta manera. El problema es de un PSOE derechizado que no acomete políticas de izquierdas.

P. ¿El laboratorio de izquierdas ha fracasado?

R. Está por construir todavía. Lo han frustrado y el PSOE tendrá que explicar por qué ha reventado la posibilidad de desarrollar políticas de izquierdas.

P. ¿Repetir resultado, obtener 12 diputados, sería un éxito?

R. Aspiramos a lo máximo. Me sitúo mentalmente con la aspiración de ser presidente de la Junta de Andalucía. Tenemos programa ejecutable, capacidad de gobierno y una línea de coherencia.

P. ¿IU ha dejado de dar miedo tras estos años en el Gobierno andaluz?

R. Izquierda Unida no se ha moderado, ha madurado. Los prejuicios se han desvanecido con el trabajo realizado. Hemos hecho un uso racional del dinero público y reorganizado las malas prácticas del PSOE.

P. El PSOE va a cumplir 33 años en el poder en Andalucía. ¿Es mérito del PSOE o demérito de la oposición?

R. Un poco de todo. En el Gobierno hemos percibido la asentada red clientelar que tiene.

P. ¿En qué lo han percibido?

R. En una aplicación continuada de una política de subvenciones. El PSOE ha hecho desde la concesión de una vivienda a una ayuda agrícola una concesión graciosa y no una dación de derechos que asiste a la sociedad.

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Muere Carl Djerassi, inventor de la píldora anticonceptiva

Llegó a Estados Unidos como refugiado durante la Segunda Guerra Mundial. Austríaco de origen judío, cambió hace 63 años la sexualidad. Carl Djerassi (Viena, 1923 – San Francisco, 31 de enero de 2015) es el padre de la píldora anticonceptiva. La popular “píldora” se desarrolló en 1951, en colaboración con el mexicano Luis Miramontes y el también mexicano de orígen húngaro George Rosengkranz. Dieron la “progestina 19-noestistorena”, un compuesto más resistente que la hormona natural, lo que permitía, al tomarla oralmente, neutralizar el efecto de la generada por el cuerpo de la mujer. Su hallazgo generó no solo polémica sino grandes cambios sociales, especialmente en el feminismo.

Uno de sus vaticinios, que ya se cumple y se ofrece como servicio social a los empleados en Silicon Valley, es que las mujeres más formadas congelarían sus óvulos para tener control sobre su maternidad y progreso profesional. En su opinión, el sexo como forma de procreación irá perdiendo paulatinamente el sentido a cambio de que tanto hombres como mujeres conservasen su material reproductivo entre los 17 y 18 años, el momento de mayor fertilidad.

Este no fue su único descubrimiento. Los alérgicos le pueden estar agradecidos, suya es la patente del primer antihistamínico, la casi mágica sustancia que palía muchos de los efectos.

Djerassi que hablaba con fluidez alemán, inglés y español, ha muerto a los 91 años en su casa de San Francisco a causa de las complicaciones provocadas por el cáncer de hígado y huesos que padecía, según ha explicado su hijo Dale a los medios. Su historia es la de tantos talentos exiliados durante la contienda. Con 16 años llegó a Nueva York junto a su madre y solo 20 dólares. En sus desesperación escribió una carta a Eleanor Roosevelt pidiendo ayuda. Así es como consiguió una beca para continuar sus estudios en el Nuevo Mundo.

La modestia con que llegó a EEUU se desvaneció tras pasar 10 años en México como presidente de los laboratorios Syntex, entre 1949 y 1959, fue entonces cuando volvió para establecerse en Palo Alto, donde compró una gran parcela y comenzó a coleccionar arte. El expresionista Paul Klee era su debilidad. En 1968 fundó Zoecon, una empresa dedicada al control de plagas de insectos. Su técnica modificaba las hormonas de modo que impedía el desarrollo de las larvas.

Padre de dos hijos, nunca se recuperó del suicidio de su hija, Pamela en 1978. Una incipiente pintora que le impulsó a rendirle tributo creando una finca con diferentes escenarios y estudios para actores, guionistas, pintores y escritores. Esta última fue la vertiente que él mismo cultivó. Varias de sus obras se estrenaron en Broadway y es autor de dos autobiografías y casi una veintena de libros de ciencia ficción.

En 1978 fue reconocido con el Premio Wolf en Química. En 1991 el presidente Bush le otorgó la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación. Durante cinco décadas ha desarrollado labor docente en la universidad y contaba con 34 doctorados honoríficos. Trabajador hasta el final, sus últimas publicaciones científicas datan de 2011.

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Apple, el Midas corporativo

Tim Cook escapó de la sombra de Steve Jobs, después de que Apple presentara esta semana los mejores resultados en la historia corporativa mundial. Las cifras de su primer trimestre fiscal (cuarto del año natural), que coinciden con la temporada de compras navideñas son, como dijo el propio consejero delegado, difíciles de comprender hasta para él. Se cojan por donde se cojan, están llenas de récords: un beneficio de 18.000 millones de dólares (16.076 millones de euros), ventas de 74.600 millones y una pila de efectivo de 178.000 millones.

Los números hicieron girar los ojos en Wall Street y dejaron en ridículo a los inversores que jugaban en la víspera a la contra en el mercado de opciones. Es como si Apple convirtiera en oro todo lo que toca. Y como al rey Midas, eso le crea un enorme problema a la hora de poner a trabajar la liquidez que genera. Si ese exceso de capital se separara en una compañía independiente, sería más grande que Intel, IBM, Cisco Systems o AT&T, que Bank of America, Citigroup, Visa o MasterCard, o que Disney. Podría comprar también PepsiCo o tres Ford Motors.

Apple genera mucho más dinero del que puede gastar. Si lo que se mira son a sus competidores, con ese efectivo podría comprar juntas rivales como Amazon y Netflix. O intentar completar su ecosistema con Uber, Tesla, Twitter, Dropbox, Airbnb y SpaceX, y aún así le sobrarían varios miles de millones. Por no dejar de mencionar a LVMH, Swatch, Fossil y Movado si lo que busca es reforzar el negocio del Apple Watch, que saldrá a la venta en abril.

Donde no está muy presente la firma de Cupertino es en las redes sociales. El colchón de liquidez no le da aún para comprar Facebook, pero sí que podría hacer una combinación de Twitter con otras plataformas tan populares como LinkedIn, Snapchat y Pinterest. Eso costaría unos 66.000 millones. El juego de posibilidades es múltiple con una masa de efectivo que supera el producto interior bruto de Marruecos y que triplica el de Lituania.

La firma electrónica de Cupertino es de lejos la mayor compañía cotizada en Wall Street, con un capital bursátil de 635.000 millones de dólares. Le siguen Exxon Mobil (385.000 millones) y Google (352.000 millones). Solo Apple representa el 3% de todo el S&P 500, que integra a las mayores empresas de Estados Unidos. El peso del fabricante de los ordenadores Mac es tan grande que equivale al de las 96 compañías que están más abajo en el índice que representa el poder del universo corporativo estadounidense.

La grandilocuencia de su cuenta de resultados no cesa cuando se desmenuzan los números. La cifra de negocio del primer trimestre fiscal de Apple es 15 veces mayor a la que tuvo Starbucks en el mismo periodo de compras navideñas ó 23 veces más que el de Facebook, por no decir que multiplica por 50 el ingreso de Netflix. O la mitad de la fortuna personal junta de Bill Gates, el fundador de Microsoft, y de Amancio Ortega, patrón de la textil española Inditex, propietaria de Zara.

Este espectacular rendimiento se explica por un solo producto: el iPhone, que representa el 68% de las ventas. El teléfono interactivo aportó a Apple ingresos por valor de 51.200 millones de dólares en el trimestre. El volumen de negocio del iPhone es tan grande que supera la facturación anual de gigantes corporativos como Cisco, Disney, Goldman Sachs o McDonald’s. Si lo que se toma como referencia es un país, supera el PIB de Costa Rica, Eslovenia o Túnez.

Las cuentas del trimestre son las primeras que incluyen la sexta generación del teléfono. Apple se había aferrado a un modelo con pantalla más pequeña a la que comercializaban desde hace años rivales como Samsung o LG. Pero Cook cedió a un dispositivo que se acerca más a la dimensión de una tableta, aunque eso le comiera ventas al iPad. Apple vendió 74,5 millones de unidades del iPhone en solo tres meses, cinco millones menos que todos los que Nokia ha vendido de su modelo Lumia en su historia. Suponen 34.500 unidades a la hora y si se pusieran todos en línea superaría en distancia a la Estación Espacial Internacional.

Desde 2007, año en el que salió a la venta el primer iPhone, Apple ha vendido 1.000 millones de dispositivos, incluyendo el reproductor de música (iPod) y la tableta (iPad). Eso le mete en un club muy reducido, del que forman parte Elvis Presley y los Beatles con más de mil millones de discos vendidos.

Apple es una compañía muy opaca, y eso vale también para la manera en la que mueve el efectivo. A comienzos de mes adquirió Semetric, una firma especializada en el análisis de música, y el pasado septiembre la revista digital Prss. Suelen ser operaciones más bien pequeñas, que le sirven para tapar pequeños huecos en su estructura de negocios y no le dan muchos quebraderos para ejecutar las operaciones.

La compra en agosto de Beats, por la que pagó 3.000 millones de dólares, fue más bien una excepción en la norma porque en lugar de adquirir tecnología se estaba haciendo con una marca. Todavía está por ver cómo va a integrar el negocio de auriculares y su plataforma musical. Lo esperado es que Apple siga utilizando parte de ese ingente efectivo para innovar.

Entre tanto, ese dinero que fluye se va distribuyendo por todo el mundo para reducir la carga fiscal. Lo más probable será que continúe compensando la lealtad de los inversores con la recompra de acciones y el reparto de dividendos. Es lo que le reclaman activistas como Carl Icahn. También, como bromeaba un analista de Standard & Poor´s, podría dar 556 dólares a cada estadounidense.

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