La aldea que el presidente turco no olvida

Sobre un risco asomado a la vaguada por la que discurre el riachuelo Alakoz, entre varias casuchas de la aldea de Dumankaya (provincia de Rize) y rodeado por las plantaciones de té que se desparraman colina abajo, existe un pequeño camposanto familiar en el que casi todas las lápidas portan inscrito el apellido más célebre de la actual Turquía. Una llama particularmente la atención, aquella en la que se lee: Tayyip Erdogan. Con todo, las fechas (1884-1908) revelan que el finado no es el presidente turco sino su abuelo: aquí comenzó la saga de quién hoy rige con mano de hierro los destinos del país euroasiático.

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