“Aún sigo viendo las caras de quienes ordené ejecutar”

Allen Ault tiene cuatro hijos, diez nietos y tres biznietos. Vive con su esposa en Kentucky, cobra una buena pensión y se le ve un anciano tranquilo y educado. Pero cuando ese hombre de pelo blanco y manos anchas se mira al espejo, encuentra a un asesino. Alguien que mató con premeditación y que jamás fue perseguido por ello. Entre el 29 de junio de 1993 y el 17 de mayo de 1995 ordenó cinco ejecuciones en la prisión estatal de Jackson (Georgia). Él era el responsable del sistema penitenciario . Y como tal, el encargado de la pena máxima. “Otros delegaban en sus empleados, yo no, yo daba las órdenes y les veía morir en la silla eléctrica”, afirma.

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