“La gente lloraba al oír el nombre del capo”

Las nigerianas víctimas de trata, captadas en su país con engaño, que llegan a España jugándose la vida en viajes infernales por el desierto y el mar, violadas por el camino, obligadas a prostituirse en la calle, niegan todo en comisaría. Afirman que están ahí porque quieren, que nadie las controla. Un paquetito muy burdo, de papel y cinta adhesiva, con su nombre escrito, es el secreto, la clave oculta de la verdad. “En cuanto se lo enseñas, cuando ven que lo tienes tú, les cambia la cara, se derrumban, liberadas, y te lo cuentan todo”, cuenta José Ángel González, comisario del grupo de Trata de Seres Humanos del Cuerpo Nacional de Policía. Todas las víctimas nigerianas llegan del mismo sitio, el estado de Edo y la ciudad de Benin City, al sur del país, de religión cristiana mezclada con creencias animistas.

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