Chicle maya para apuntalar la selva

A última hora del día, entre tranquilos paseantes de la elegante Avenida Juárez, en el centro de Ciudad de México, una señora con buzo de trabajo gatea cabizbaja. De repente, clava una espátula en una baldosa y se ensaña con una mancha negra. Solo en la calle Madero, su prolongación peatonal, durante 2011 se despegaron 150.000 trozos de goma de mascar. El problema es global ―los ingleses se dejan al año unos 150 millones de libras―, pero en México, despegar un chicle puede triplicar su precio de venta. Y esa goma suele venir de la vecina Puebla, donde Cadbury-Adams, hoy filial de Mondelez, produce 75.000 toneladas al año. El 50% es para consumo nacional.

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