Prostituida a cambio de 2,5 euros

“¡Te cortaremos el cuello!”, le gritaban a Andreea cada vez que intentaba pisar la calle. “Llamaré a gente para que te lo corten”, le repetían a esta joven que, engañada, había dejado a cuatro hijos —de 11, 9, 4 y 3 años— en su Rumanía natal para desembarcar en Córdoba con la promesa de ganarse la vida cuidando a la nieta de quien, finalmente, se convirtió en su verdugo. La misma mujer que, con el beneplácito de su hija y yerno, mantenía a Andreea encerrada en casa bajo llave, que la fotografió desnuda para “ofrecer sus servicios” en la web, que la forzó a trabajar gratis y la obligó después a prostituirse durante dos años. Y la misma que se quedaba con el dinero y le entregaba solo 2,5 euros por cada hombre con el que se acostaba. Condenándola a “condiciones de semiesclavitud”, según sentenciaron los magistrados que juzgaron el caso.

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