Sobrevivir a la esclavitud sexual

A Carla tardaron una semana en contarle que no iba a trabajar cuidando niños. Ni ancianos. Tampoco limpiado pisos, como le habían dicho. No. Tenía que prostituirse. Se lo comunicaron sin adornos. La intimidaron. Amenazaron con dañar a su familia. Y tenía motivos para creerles. Muchos. Le habían retirado su pasaporte brasileño nada más aterrizar en España con alguna excusa y ahora estaba en un país desconocido a merced de unas personas que creyó que la ayudarían. “Yo estaba estudiando en la universidad, me quedé sin trabajo y una amiga me ofreció la posibilidad de venir a trabajar en el servicio doméstico durante seis meses para ahorrar algo de dinero. Pensé que sería un tiempo duro, pero que lo superaría. Cuando llegué la realidad era bien distinta. Nunca creí que eso me podría ocurrir a mí. Pensaba que todo aquello que se contaba sobre mujeres engañadas era mentira”, cuenta con el gesto duro. Tenía 23 años.

Seguir leyendo.

from Portada de EL PAÍS http://ift.tt/2pDMioD

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s