Los niños que denunciaban a sus padres a la policía política en la Europa del Este

La señora Balasa quería sacarse el carné de conducir. Iba a usarlo para huir en coche desde su pueblo de Oradea —en el noroeste de Rumania— a Francia. Hasta allí había logrado llegar un par de años antes su hijo pequeño, que escapó por el Danubio aferrado, como si fuese un flotador, a una rueda de camión. Pero el permiso tardaba en llegar y la señora Balasa pidió ayuda a su vecina, una mujer afable y bien conectada. Tras hacer sus indagaciones, esta le reveló que el documento nunca llegaría. Al parecer la señora Balasa había sido denunciada por su yerno, un hombre con ínfulas de escritor que quería que se publicase uno de sus manuscritos y necesitaba ofrecer algo a cambio. Y ese algo fue delatar a su suegra. Ni la señora Balasa, cocinera, ni su esposo sabían que el tipo era informante, un chivato. Pero sí, lo era. Y tal vez no fuese el único de la familia.

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