Así se gestó el despido del director del FBI

La Casa Blanca ha cambiado. El gusto de su nuevo inquilino se ha apoderado de sus interiores. Las cortinas doradas han sustituido a las marrones; se han multiplicado las banderas de Estados Unidos, los retratos de los testosterónicos presidentes Andrew Jackson y Teddy Roosevelt lucen más arriba, y sobre todo, en el centro del comedor central, un lugar casi sagrado en la iconografía presidencial, ha sido instalada una pantalla extraplana de 2,3 metros de largo. Es la televisión de Donald Trump. El ojo desde el que muchas veces contempla el mundo y toma las decisiones que lo harán temblar.

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