La enfermedad senil del socialismo

Algo huele a viejo y gastado en el actual enfrentamiento entre los dos candidatos a la secretaría general del PSOE que han acopiado mayor número de avales entre sus afiliados. Como facción se presentaron en el aciago comité federal del 1 de octubre aquellos que, sostenidos en 17 renuncias a permanecer como vocales de la comisión ejecutiva, escindieron la cabeza del partido en dos: contra y a favor del secretario general que se pretendía deponer. Fue, por decirlo levemente, un mal paso, y no porque tuvieran o dejaran de tener razón al impedir la convocatoria de un congreso para mañana mismo, sino porque lo dieron al margen de los estatutos, como un acto de fuerza que arruinó cualquier posibilidad, si alguna quedaba, de resolver por medio de un debate, que habría debido celebrarse en el órgano competente, sobre una decisión trascendental para el gobierno del Estado: si podía mantenerse aquel “no es no” aprobado en otro comité federal y que abocaba necesariamente a unas terceras elecciones.

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