Abandonar el grupo

Es primavera. Un amigo va a la comunión de un sobrino. La cita es a las 10 de la mañana. Entre la ceremonia, los aperitivos, la comida, el corte de la tarta con espada como en las bodas, los gin-tonics, la merienda y la vuelta a los gin-tonics previos a la cena se hacen las 10 de la noche. Exhausto, derrotado, cuesta abajo en su rodada, mi amigo decide abandonar el evento, no sin percibir que su adiós decepciona un poco a esos seres queridos que opinan (en bloque) que se está yendo cuando empieza lo mejor. Pero así somos los espíritus libres, de vez en cuando decimos, ¡no al yugo familiar! Ja. Eso es lo que el pobre iluso se cree: la comunión del sobrino no se va a acabar nunca, porque esa fiesta familiar ha entrado en el pesadillesco bucle del WhatsApp. Ríete tú de El día de la marmota: las nuevas tecnologías han convertido los eventos familiares en una versión si cabe más inquietante de El ángel exterminador. Buñuel, te lo has perdido.

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