Belarmino Fernández Iglesias, el rey de la carne

Llevaba en el gesto la apacible socarronería gallega y la intuición certera en la mirada. Llegó a Brasil con un dólar en el bolsillo, hace más de 65 años. Tenía 19 cuando tomó el tren en el apeadero de Areas, cerca de Monforte de Lemos (Lugo), en dirección a Barcelona, para embarcar hacia América. Gastó en vísperas todos sus ahorros descubriendo las Ramblas y desembarcó en Santos (Brasil), donde no lo esperara nadie. En São Paulo fue obrero de la construcción y vendedor de tejidos, pero quiso convertirse en hostelero para comer mejor que en la pensión.

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