Nadal es una bestia

El presente se sintetiza en una escena, cuando Nikoloz Basilashvili, ya sin ningún tipo de opción, sometido y abrumado, envía una bola larga y Rafael Nadal la intercepta con el marco de su raqueta. La pelota sale despedida y el balear se reprocha y aprieta los dientes, como si el punto le hubiese generado una pérdida irreparable, como si estuviese jugándose la vida en unas semifinales o incluso en una cota más alta. Podía haber sido así, dada la imagen y la tremenda regañina a sí mismo, pero no lo era. Entonces mandaba por 6-0 y 6-1 al georgiano, reducido ya a la mínima expresión, devorado por el gran conquistador de la tierra, que cerraría el partido (1h 30m) con una última bofetada: 6-0.

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