Un delfín entre las olas

La primera vez que vi a David Delfín pensé que era un delfín. Tenía su misma gracia animal pero en tierra. Y también poseía la elegancia de ese otro tipo de delfín, el heredero de la casa real francesa. Fue en Corazón Negro, el desaparecido bar de Paola Dominguín en el corazón de Chueca y era 1994, el año en que todos nos mudamos a Madrid sintiéndonos delfines y herederos.

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