“Dentro de 10 o 20 años hallaremos agua y oxígeno en otros planetas”

“Una estrella no dice su nombre, ni de dónde viene, ni adónde va”, escribe Daniel Kunth (París, 1946). Después de una vida dedicada a la observación del cielo, el astrónomo del Instituto de Astrofísica de París y director del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), ha aprendido a descifrar algunos de los misterios de los cuerpos celestes y, más allá de la ciencia, las marcas que dejan en la vida cotidiana. Para él, las más importantes de esas marcas son las palabras. En 1990, cuando organizó el primer festival Nuits des étoiles (Noches de estrellas) —un encuentro gratuito y al aire libre que se realiza el 12 de agosto, cuando se pueden ver más estrellas fugaces—, a Kunth se le ocurrieron los primeros vocablos celestes. Uno de ellos es canícula (del latín canis, perro), que designa las temperaturas estivales excesivas porque la estrella Sirio (el perro del cazador Orion) se ve más brillante en las noches de buen tiempo. 

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