El día que la señora Manuela aparcó la fregona para fundar una aseguradora

La señora Manuela entraba en la sede de la aseguradora Divina Pastora como Pedro por su casa. Bastón en mano avanzaba por los pasillos hasta llegar al despacho del presidente. Allí, se acercaba al directivo y le daba con la vara en el brazo. “Armandito, Armandito, mucho cuidado con lo que hacéis con la mutualidad”.

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