La carretera de la muerte

Quedarse en casa viendo cómo el fuego se acercaba era condenarse a morir, pero la huida tampoco salvó la vida de la mitad de los 61 muertos confirmados hasta el momento en el incendio del sábado en Portugal. Quizá tomaron la decisión demasiado tarde, aunque la dirección del viento, que cambiaba drásticamente el sábado por la tarde, no jugó nunca a favor. Al ver cómo las llamas se iban acercando más y más a sus casas, familias enteras decidieron meterse en el coche y salir a toda velocidad por la Nacional 236, una carretera estrecha, entre desfiladeros y curvas cerradas que escondía en sus recodos violentas llamaradas de fuego. Al menos 30 personas murieron en la carretera. Ante la desesperación por encontrar una salida al infierno, se metieron de lleno en una ratonera.

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