Una rosa sobrevive en Nodeirinho

Hace dos días que en Nodeirinho no amanece como de costumbre. Su cielo es gris, blancuzco, pero lo peor es el silencio. No hay nadie, no hay nada. El sábado eran 50 vecinos, ahora son once menos. La aldea huele a humo y muerte. No quedan ni los supervivientes. Puertas cerradas, coches carbonizados y ni un animal callejero.

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