Para chulo, él

El abogado de Luis Bárcenas se sentó esta mañana frente a él, en la última fila del hemiciclo de pupitres de la comisión de investigación, se quitó el reloj y lo colocó delante con la esfera en pie, armándose de paciencia. Luego se puso a doblar folios y recortar papelitos. Parecía un gesto extraño de nerviosismo, como de perder los papeles, absolutamente comprensible tratándose de quien debe defender al señor de los papeles, pero quizá era el que mejor sabía lo que iba a pasar. Al contrario de lo que pensaban todos, conociendo a su cliente, seguramente se imaginaba que Bárcenas no sería capaz de no hablar. Le iba a poder el personaje. Es alguien acostumbrado a lanzarse con esquíes desde un helicóptero a una cima nevada de los Alpes suizos, y lo que es mejor, a pagarlo con dinero escondido en ese mismo país. En efecto, a los veinte minutos Bárcenas ya se puso chulo con Irene Montero, que nada más empezar su intervención solo le había dado los buenos días y le había recriminado que no le fuera a contestar: “Le voy a contestar a lo de buenos días: buenos días”.

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