El experimento de París para dar ayuda básica y orientación a migrantes

A pesar del intenso calor que atraviesa el tejado de uralita y se reconcentra entre los muros de hormigón; a pesar de la falta de intimidad que supone compartir con otros tres hombres desconocidos un angosto contenedor de madera contrachapada transformado en habitación, Abdul Qayum Shirzad, un afgano de 26 años, sonríe satisfecho. Y aliviado. Ha logrado una cama en el muy demandado centro humanitario de acogida temporal de la Puerta de La Chapelle, en París, y sabe que, al menos por unos días, su pesadilla migratoria tendrá un respiro.

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