Ellas, de la nada a la excelencia en 25 años

“Aquí no se concibe que la mujer se dedique al deporte”. Lo afirmaba en 1984 Marta Figueras, la única española que rompía con la tradición y hacía del deporte su vida gracias al golf. Solo una de cada 100 españolas practicaba deporte. Entre ellas, la esquiadora Blanca Fernández Ochoa, que aquel mismo año en Sarajevo obtuvo el mejor resultado femenino español en unos Juegos, el sexto puesto en el eslalon gigante. Los éxitos eran modestos y esporádicos como correspondía a una casi absoluta falta de educación física y cultura deportiva en el ámbito femenino. Hasta 1964 no se les permitió competir en el Campeonato de España de atletismo. Hasta 1968 no hubo ninguna española en una final olímpica. La primera fue Mari Paz Corominas en México, séptima en los 200 metros espalda. Y hasta 1976 no se produjo la primera participación de una atleta en unos Juegos. Fue Carmen Valero, en los de Montreal. Los tabús se suavizaron pero permanecían en los años setenta. “En España, entonces, una mujer con chándal de atletismo era una marimacho”, explica la saltadora de altura Sagrario Aguado.

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