La dulce Neus o cómo matar al mal padre

Neus, Barcelona, febrero del 96

¿Sabes? Yo aborrezco eso de la dulce Neus. Es un mote horroro­so con el que no me identifico lo más mínimo. A decir verdad, a ve­ces me siento como una extraterrestre. Soy una mujer de 50 años, de carne y hueso, como las demás. Que sufre. que ríe, que llora. que quiere ser feliz. Pero noto siempre un batallón de ojos que se clavan en mi espalda. Tengo la extraña sensación de que soy dos personas en una: la Neus auténtica, que lucha por vivir y por sus hijos, y la perversa Neus del sistema, la de las películas, la de los libros, la de la televisión. Palpo esa malicia cuando voy por la calle. No, no sólo en Barcelona. Eso me pasa en Huelva, en cualquier punto de Espa­ña y hasta en América. Lo sé: mi figura y mi historia invitan al mor­bo. Eso hace daño. La dulce Neus... Me bautizó así un periodista. Bueno, quizá tengas razón, tal vez no lo hiciera con mala leche. Es verdad que era peor el de Mantis religiosa. La verdad es que en mi casa siempre decían que yo era la más dolça [dulce en catalán] de las primas por ser la más cariñosa de todas. Quizá también influyó en algo el timbre de mi voz. Pero, para ser francos, todo es muy de­safortunado. Los Soldevila, siempre ha sido y siempre será así, so­mos gente de bien.

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