El pueblo del último patafísico

“¿Qué diablos es eso de la patafísica y qué narices tiene que ver con la cosa de la España vacía y con la gente que vive en los pueblos?”, me pregunta mi acompañante de camino a Chodes, y no sé qué responder. Patafísica eres tú, sería la respuesta más acertada y más patafísica, pero voy a intentar ser más doctoral: creo que es una broma, y con eso no quiero decir que la patafísica no sea una cosa seria. Hay que tomarse las bromas en serio. La cultura ha avanzado a través de las bromas; podríamos escribir una historia del arte que salte de broma en broma. Cada movimiento, una burla que dinamita el anterior mediante chistes. La broma patafísica surgió en Francia en los años cuarenta, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la gente no estaba de humor. Su libro fundacional es Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, de Alfred Jarry. Fueron patafísicos escritores que venían del surrealismo y no soportaban lo académico y lo solemne. Se burlan de la pomposidad y la gravedad, son niños traviesos, libres, desconcertantes. Tienen un Colegio Patafísico entre cuyos miembros se han contado Umberto Eco, Ionesco, Vian o Fernando Arrabal.

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