Un martes en el lejano oeste

No es que a Plasencia le falten méritos históricos, ni mucho menos. Su catedral nueva se proyectó a finales del siglo XV, la vieja se remonta al románico y mejor no hablemos de sus 11 iglesias parroquiales, los conventos de las Claras, las Capuchinas, las Ildefonsas y el de los Dominicos que alberga el actual parador nacional, porque quien suscribe es más ateo que el demonio y se desalienta con tanta demasía levítica. Su muralla de siete puertas y su acueducto medieval asombran por su solvente ancianidad. Pero si el viajero quiere ver algo realmente antiguo en esta vieja ciudad del lejano oeste español, lo que tiene que hacer es darse una vuelta por su mercado de los martes. Ahí es donde mora la historia de verdad, la que no se lee sino se huele, se come y se bebe.

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