Hoteles contra la rutina

Hoteles, pensiones o moteles en mitad de la nada son consustanciales a la novela desde hace siglos. Envuelven la acción, alimentan la intriga. Miles de personajes no tendrían sin ese techo un lugar donde refugiarse, ni aventuras que correr, ni soledad bastante, ni quizá secretos, ni un paraíso o un infierno al que descender. El hotel aporta lo que el escritor argentino Eduardo Berti denomina “territorio favorable”, en el que tienen lugar los “indispensables encuentros” de una trama. Los hoteles son símbolo de refugio, enigma, hogar, huida, infidelidad o crimen. En un hotel de Ruán, Emma Bovary y Leon Dupuis se dejan llevar en una electrizante aventura. Rodion Raskolnikov, en uno de los gestos culminantes de la novela rusa Crimen y castigo, mata a su casera en la pensión donde le alquila un cuarto inmundo. Hospedado en un hotel de playa, Seymour Glass saca una pistola de la maleta mientras su novia duerme y nos deja helados. Junta Larsen llega un día a la Santa María de Onetti e ingresa en el hotel Berna, donde se bebe y conspira. Gustav von Aschenbach se aloja en el Hotel des Bains a punto de enamorarse y morir en Venecia. Hoteles, hoteles y más hoteles.

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