Terele Pávez: desquiciada clarividencia

Equilibraba su bondad con una mirada del averno, corrida de rímel. La voz ronca, atemperada por palabras amables y sonrisas de cumplir, ante todo lo que consideraba absurdo. Por ejemplo, que la gente se extrañara de que viviera con su hijo, Carolo, más de que si lo hiciera con una boa constrictor. Pero es que era el único que andaba siempre ahí: entre las luces de una carrera contagiada por el efecto de sus hermanas y las tinieblas de una estirpe a la que la historia pasó recibo.

Seguir leyendo.

from Portada de EL PAÍS http://ift.tt/2hTdlMN

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s