Acentos de quita y pon: ¿Por qué recuperamos el deje cuando vamos al pueblo?

La boca se abre más que de costumbre. Aspiras las eses. No usas la de, o la usas menos. Es como si tu lengua materna se hubiera quitado los tacones, el sujetador, la corbata. Te sientes más libre. Estás de vacaciones. Estás en tu pueblo. En cuestión de horas, has recuperado el acento del lugar. Ya sea porque pasaste tu infancia ahí o porque te lo contagiaron tus padres, ese acento que neutralizas en la ciudad asoma a la misma velocidad a la que desaparecerá cuando te marches. Te preguntas qué ha pasado, cómo ha vuelto, si es involuntario o si estás imitando a la gente. Entre tantas dudas, es probable que te sientas bien: eres parte de un grupo que te recuerda hablando así.

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