Ni extremistas ni castigadas: prejuicios que aún tienen que aguantar las mujeres rapadas

Todo empezó con un lado muy pequeño de la cabeza para Myriam Moreno. Hasta que un día, repasándoselo con la maquinilla de su novio, se rapó la cabeza entera al uno. Su decisión no respondía a ningún arrebato. Tampoco estaba ligada a un gran cambio en su vida ni a una debacle emocional. Siempre había querido probar, saber cómo se vería rapada. Poder ducharse y estar lista enseguida. Era consciente de que pasar de llevar el pelo muy largo a que, de repente, se le viera el cráneo iba a causar algún tipo de reacción en su entorno, aunque no la que causó.

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